En el silencio… nada nace o muere, todo permanece y nada pertenece

Existe la creencia de que nuestra identidad está sujeta al ciclo del cuerpo psicosomático, al cual le cargamos toda una suerte de etiquetas con el paso de los años y las experiencias. Si bien este es el vehículo que ejerce como actor impermanente de la experiencia que ahora mismo transitamos, una obra teatral única… (la realidad supera la ficción), en verdad somos más que un cuerpo psicosomático y todo el artilugio de definiciones que le cargamos a base de creencias sin digerir, somos una sustancia testigo que nunca nace o muere, eterna en el universo, que vive sus ciclos, y que viaja en un inmenso viaje estelar… de un vehículo a otro, en diferentes experiencias, cada una con colores y matices únicos, y que vivido desde la autenticidad, naturalidad, esponteidad, no juicio, no represión o no vergüenza y sobre todo desde el pleno amor, adquiere todo el sentido de su existencia, de su viaje, de su expansión de conciencia, hasta fusionarse con un solo corazón, el corazón de todos los seres orquestado desde la esencia del Ser… El Ser que todos somos: la pureza.

No ser, ni nacer ni morir, para serlo todo. Somos eternos. Todo cambia, transmuta, nada nace o muere, ni siquiera la materia ya que ésta transmuta pero siempre Es y está. Encuentra la raíz del “Yo soy”. Nada nace o muere. En lo eterno yace la gran abundancia del Ser, escucha tu corazón, viaja hacia el interior.

Nada nace o muere. Viajamos en diferentes estados… desde el único estado de Ser. El ser testigo basta para que acontezca todo sin necesidad de hacer, solo ser sin pretender. Somos los conocedores, no los hacedores, pues en la naturaleza todo surge por si sólo, sin esfuerzo, coordinado en amor con todas las fuerzas… algo esencial de comprender.

El gran gozo de observar en silencio.

El Amor es silencio. Yo soy… (silencio).

Ssshhhh…

Párate aquí… Escucha tu silencio…

Crece en amor.

Sólo… sé, sin pretender nada.

Sólo… sé, que no sé nada.

Silencio que presta amor sin condición.

Regálate este momento de silencio.

Hasta el ruido deja espacios para el silencio. Sin silencio, el ruido no tendría espacio para ser. El sagrado silencio.

Centrados en el silencio, toda fuerza se coordina en armonía, sin esfuerzo… con sintonía.

Cierra los ojos, llevando la atención a la respiración, mientras ésta se calma y ralentiza… practica el mágico silencio… cómo la raíz de la meditación.

Toma unos segundos de disfrutar en el silencio, de disfrutar de tu presencia.

nino-pidiendo-silencio1

Curiosidad:

“En el monte Kurama, templo de budismo Tendai, en Japón, justo sentado al lado de estas raíces milenarias, yacía Mikao Usui en marzo de 1922, y durante una profunda práctica espiritual de 21 días, logra alcanzar “ashinritsumei”, su segundo nacimiento (en vida nacemos 2 veces, la primera es física y la segunda es la espiritual, muchos sólo se quedan en el nacimiento físico, en la dualidad de vida y muerte física, siendo el segundo nacimiento eterno para el ser). Hoy en todo el planeta se ha extendido su espíritu y realización (la de Mikao Usui Sensei). Sin embargo, por la propia dualidad surgida en la mente, aparecen cada día nuevos sistemas de Reiki,  ruido sobre silencio, cuando en verdad, Reiki es sólo uno, indiferentemente de la etiqueta escogida”. (De los apuntes personales que he toma en la maestría en Komyo Reiki junto a Inamoto Sensei).

Escribe Irene García. Prohibido compartir contenido sin mencionar la fuente de información.

Categorías Reflexiones

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